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domingo, 19 de diciembre de 2010

Abrazado a la tristeza.

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

...

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!


El rayo que no cesa ( 1934-1935)
Ya va siendo hora de retomar el blog, que lleva demasiado tiempo abandonado.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Su turno.



El pitido del microondas le sacó de sus reflexiones, le recordó que su café estaba esperando y que en tres cuartos de hora debía de estar en la universidad. Cogió su taza y se asomó al balcón, era pronto pero sin embargo un rumor de motores y un olor a tierra mojada le llegaban desde la calle que ya empezaba a despertarse. En ese momento se volvió a sentir como una anciana, últimamente la pasaba bastante, en el fondo mientras mira la fachada de su vecino sabe que solo está pasando una mala racha, que la vida al fin y al cabo es una balanza, todo el mundo se lleva su merecido, que ya la llegará su tiempo…A veces es muy difícil esperar. Esperar turnos, resultados, amores, respuestas, felicitaciones o incluso reacciones, pensar que siempre te toca ser el último, ¿y yo que? Gritó un día asomada a ese mismo balcón. Llegará mi tiempo de abundancia estoy seguro.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Olores y fenoles.



Me gusta oler el viento
por la noche es húmedo,
es mujer, un escarmiento,
un retal de dulce calma,
para mi temperamento.

Pero mi cama está vacía
y me vuelvo un violento,
¿Quién o qué santos cojones
me priva de mi alimento?
¿No merezco acaso aquello
que persigo con mi aliento?
Quiero jugar a este juego,
aunque sólo sea un momento,
para recomponer mi ego
con semen y cemento.

domingo, 18 de enero de 2009

Soledad y tristeza.



El parque era un pozo de silencio. Las hojas que arrastraban mis pies, y mis pantalones manchados de barro era lo único que veía.
Deambulaba perdido y confundido a causa de las 48 horas que lleva sin poder pegar ojo, mientras, aún sonaban en mis oídos las palabras de Carla. Me sobrevino una arcada y me senté, tembloroso pensé en la importancia de los detalles a la hora de mantener a una mujer a tu lado, ahora sin embargo podía acabarse el mundo allá fuera que me iba a importar un bledo, es más, lo deseaba.
En ese momento un chucho empezó a lamerme los zapatos, levanté la mirada y vi a un vagabundo llamándolo con un ademán, comprendí que no estaba solo.