sábado, 22 de agosto de 2009

Saludos

Os escribo desde el albergue de Bratislava. El viaje ha tenido algun problemilla con las etapas y la rodilla de Gaston, pero lo estamos llevando adelante.
He de decir que Eslovaquia es un pa'is asombroso, barato, con un estilo de vida que me encanta y que estamos viendo las mujeres mas bonitas de toda nuestra vida. Un saludo a todos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El coronel no tiene a quien le escriba.

Dentro de dos días me voy de viaje y no tengo a quien enviar una puta postal. Siempre pensé que cuando haría viajes chulos como este podría enviar postales a gente cercana, la postal en realidad es un mensaje en si mismo, está claro, " Hola, estaba aquí y me he acordado de tí", de este modo muestro mi afecto y el afectado se alegra de que alguien se halla acordado de él. Pero ahora me veo con que la única persona a la que voy a enviar un postal va a ser mi ex profesor de alemán Jens, gracias al cual tuvimos la idea de este viaje. No sé bien que tiene que tener alguien para que quiera enviarle una postal, no tiene porqué ser una persona muy cercana a mí,(dudo que mi familia reciba postal alguna )por lo general se suelen enviar a chicas o a amigos con alguna relación con lo que has visitado, de todas formas tiene que ser alguien que sepa apreciar el gesto, algunos de los que tendría en mi lista por H o por B no se lo voy a poder enviar, ya sea porque no saben la dirección de donde estarán o porque he perdido poco a poco el contacto con ellos. Ojalá el verano que viene tenga postales que enviar.

P.D.: Así a lo tonto se me ha hecho de día, otra vez.

martes, 11 de agosto de 2009

¿Quien mató al gato? Nº 2


Apagó el motor y se recostó en el asiento, la brisa que solo sopla en las últimas horas de la tarde y la absoluta soledad que había le hacían sentirse bien. Desde aquella colina dominaba por completo la ciudad y el humo de su cigarrillo hacía juego con la boina de contaminación de la que había escapado hacía sólo unas horas.
En su mano tenía dos billetes. El primero, de ida a Munich. Era en realidad una pregunta, una cuestión algo de lo que ni el mismo conocía el alcance que tuviera, en el papel ponía claramente: Madrid (MAD)-Munich (MUC) 14AUG 08:50-11:15 Terminal A . Pero allí no venía por ningún lado a donde iba a parar con aquel billete, era todo un enunciado vacío, una pregunta abierta.
La respuesta se hallaba en el billete de vuelta, que tenía en la otra mano: Budapest (BUD)-Madrid (MAD) 31AUG 19:05-22:20 Terminal A. El billete simplemente decía “si me usas significa que habrás encontrado tus respuestas a lo largo del viaje, esto lo demuestra y el contenido sólo lo conoces tú”.

Estaba deseoso, en unas semanas estaría muy lejos de todo aquello, de aquella apestosa ciudad, de su piso infernal, de su trabajo, de su moto de repartidor y sobre todo iba a estar una temporada alejado de Julia. Había decidido no comentarla nada sobre lo que vio en aquel chalet, quería ver como se comportaba a la vuelta, nunca le dejaría de sorprender la sangre fría de las mujeres. En cierta ocasión cuando era niño, vio a su madre acostándose con otro hombre, el padre de un amigo suyo, tampoco dijo nada y se limitó a ver como actuaba su madre. Quizás por eso su madre cogió tanto cariño a Julia cuando la presentó en casa, pertenecían al gremio de las actrices y las dos interpretaban los mismos papeles.
¿Cuanto tiempo llevaría Julia interpretando el suyo? .Ahora que lo pensaba, era una falta de educación por su parte no aplaudir después de cada cena, café o polvo ¡Joder, parecía de verdad!
Sin más encendió la radio, sonaba Hotel California de The Eagles, levantó la vista al cielo y observó la lluvia de las perseidas mientras se daba cuenta que sería un momento estupendo para estar con Julia.

viernes, 7 de agosto de 2009

Corre.



Exprimiendo el verano, hasta la última gota que me dará energía para una noche más, hasta el último minuto que me dará una anecdota más, sin más, es mi verano.

martes, 4 de agosto de 2009

Me gusta oler el viento.

Me gusta oler el viento
por la noche es húmedo,
es mujer, un escarmiento,
un retal de dulce calma,
para mi temperamento.

Pero mi cama está vacía
y me vuelvo un violento
¿Quién o qué santos cojones
me priva de mi alimento?
¿No merezco acaso aquello
que persigo con mi aliento?
quiero jugar a este juego
aunque solo sea un momento
para recomponer mi ego
con semen y cemento.

viernes, 3 de julio de 2009

El verano me hace sudar.



El verano está bien, lo reconozco, hay vacaciones, escotes, piscina, playa, pero a pesar de su solecito, no puede hacerle sombra al invierno.

El invierno es la estación por excelencia, es época de poesía y de justicia.

Digo que es una estación justa porque un día te levantas, sales a la calle y ves a la gente guapa, a las felices parejitas y a todo ese tipo de gente, entonces, puedes parartw y decirles: "Joderos todos, este día, este día nublado y triste lo vamos a sufrir todos nosotros".

Sinceramente espero con tanta o más ilusión el invierno que el verano, según se acerca la hojas se van callendo, las calles toman un aspecto precioso y el olor y el frescor por las noches es inmejorable.

jueves, 2 de julio de 2009

¿Quien mató al gato?.Nº 1



En la habitación el aire jugaba con la luz a dibujar rayos que se dirigían a la cara de Alfredo, un murmullo de coches y gente se colaba entre las rendijas de la persiana. El aspecto de la habitación era desolador, los calzoncillos usados rivalizaban con los calcetines y los papeles por el dominio exclusivo del suelo. El único sonido que perturbaba el silencio del piso era un Bóxer que bebía de un cuenco en la cocina. Aquel perro era el amo y señor del piso, fe de ello daban los muebles mordisqueados y las puertas llenas de arañazos. Pero no lo podía echar, era la única compañía que tenía cuando Julia estaba fuera, trabajando, además fue su regalo cuando hicieron dos años juntos.
Cuando Alfredo se levantó, su piso continuaba en el mismo estado en el que lo dejó antes de dormirse, cualquiera que hubiera entrado pensaría que habían entrado a robar, pero el sabía muy bien que nadie habría encontrado nada de valor allí, a excepción de la libreta ruinosa que escondía debajo del somier. Si hubiera tenido que salvar del fuego algo de aquel piso, sin duda se habría llevado aquella libreta, ni siquiera el perro valía tanto.
Cuando acabó de comer se enfundó su mono y se dispuso a hacer su turno de repartidor de tarde, trabajaba en una agencia de mensajería a dos calles de allí.
Siempre había tenido una visión particular de su trabajo, le permitía conocer a mucha gente, sólo por unos segundos, es cierto, pero con los años había aprendido a obtener cada vez más información sobre la persona que recibía el paquete y lo más importante, su contenido.
Por supuesto le estaba absolutamente prohibido abrir ningún tipo de envío, pero la mayoría de la veces en lo que tardaban en firmar el recibo le daba tiempo más que suficiente para saber que clase de persona era y que contenía el paquete.
Por lo general la forma del paquete daba pocas pistas sobre su contenido, la información la obtenía de detalles a priori insignificantes como el tiempo que tardaban en abrirle la puerta, el felpudo de la casa, las manos o la forma de cogerle el bolígrafo cuando este se lo ofrecía pero sobre todo eran los recibidores, no hay nada que dé mas información sobre alguien que su recibidor. Alfredo había visto desfilar ante sus ojos miles de ellos y había sabido extraer de ellos la esencia de cada hogar, lo había convertido en una ciencia.
Los primeros repartos que tenía aquella tarde le pillaron más o menos cerca y no perdió demasiado tiempo con ellos, pero con uno se tuvo que ir hasta las afueras de la ciudad. En un barrio de chalets adosados en los que sus dueños, orgullosos, son tan diferentes como sus casas. Cuando llegó tardaron en abrirle, le atendió un hombre un tanto mayor, al verle pareció aliviado. Mientras firmaba el recibo (algo nervioso aún) Alfredo vio en el recibidor el abrigo y el maletín de Julia, la misma que a estas horas estaba cogiendo un tren en Barcelona, volviendo de visitar a un editor.