Muchos años después de morir, Miguel Delibes seguía contando a su hijo Adolfo cuál había sido el momento más feliz de su vida. Acababa de engullir un bocadillo de chorizo, tras subir un puerto de montaña, y la carretera se abría ante él. Delibes empezó a pedalear cuesta abajo, dejándose llevar, sintiendo el viento en la frente y abrió los brazos para gritar. “Soy el hombre más feliz del mundo”, dijo. A pie de puerto le esperaba su novia, Ángeles, el amor de su vida.
martes, 16 de noviembre de 2010
Que bonito nombre tienes.
Muchos años después de morir, Miguel Delibes seguía contando a su hijo Adolfo cuál había sido el momento más feliz de su vida. Acababa de engullir un bocadillo de chorizo, tras subir un puerto de montaña, y la carretera se abría ante él. Delibes empezó a pedalear cuesta abajo, dejándose llevar, sintiendo el viento en la frente y abrió los brazos para gritar. “Soy el hombre más feliz del mundo”, dijo. A pie de puerto le esperaba su novia, Ángeles, el amor de su vida.
lunes, 8 de noviembre de 2010
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